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EL  CAMBIO  DE  SIGLO,
LAS CARPAS Y LA CIUDAD

Inicialmente estos teatros desarmables se ubicaban en las plazas principales de la ciudad de México. A ellos acudían personas de todas las clases sociales. Sin embargo, factores como cambios en la moralidad de la época, el proceso de segregación urbana y el reordenamiento socio-territorial postrevolucionario, así como el nacimiento de la industria del entretenimiento, contribuyeron paulatinamente a empobrecer los espectáculos de carpa, llevándolos a las zonas periféricas y asociando sus estéticas con nociones de pobreza y marginalidad, mismas que también se proyectaron a sus públicos más asiduos.

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Foto de carpa en el Zócalo, frente a Catedral

Mediateca INAH

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Carpa Modelo (1940) en c. Justo Sierra.jpg
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Carpa Salón Elena

Museo Archivo De Fotografía - 44668, 209

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Carpa Aventino

Museo Archivo de Fotografía

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La emergencia de las carpas está íntimamente ligada al proceso de urbanización de la ciudad de México.  A fines del siglo XIX la expansión de la electricidad, el perfeccionamiento del barco de vapor y la expansión del tren permitieron a las compañías de teatro y ópera trasladarse por mar y tierra en menor tiempo. Esto permitió la dispersión y mezcla de repertorios musicales variopintos. En la ciudad de México, la expansión del tranvía y la introducción del automóvil ocasionó que las calles antes usadas para el establecimiento de diversiones públicas como carruseles de caballitos, verbenas y jacalones fueran gradualmente reubicadas en las muchas plazas de una ciudad.  En 1900 se emite la primera prohibición de que las carpas se establezcan en las calles y con el fin de que no obstruyan el tránsito, se les obliga a instalarse en las plazas.

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Lista de catastro de carpas 1921.

AHDF -SDP Vol. 810

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Archivo Histórico del Distrito Federal. Vol. 805, Foja 1057.  (AHDF-SDP, Vol.805, File 1057, (1900).

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Plano de la ciudad de México 1900

Mapoteca Orozco y Berra.

Una comparación entre los mapas de 1881, 1900 y 1926 permite percatarse de que, si bien lo que hoy conocemos como el centro no cambió mucho, los usos de las calles sí lo hicieron. 

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Mapa 1881

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Mapa 1926

Control administrativo 

Se ha creído que las carpas funcionaban sin ningún tipo de control, sin embargo, los archivos administrativos demuestran que estaban muy vigiladas. Los empresarios debían solicitar al Ayuntamiento un permiso oficial de instalación, indicando la calle o esquina en que pretendían ubicarse, así como el tiempo en que permanecerían en ella. Tanto el contenido escénico, como las horas de operación de los teatros, y la infraestructura mínima para garantizar la salubridad y seguridad de los públicos estaban normadas por el Reglamento de Diversiones Públicas y por el Reglamento de Teatros. 

Los programas del show debían ser notificados a los inspectores de censura, quienes los autorizaban con un sello oficial. El diálogo entre las autoridades y los protagonistas de la escena de las carpas conforma un imprevisto y rico archivo histórico. Ahí encontramos información sobre su aspecto, los repertorios musicales, la conducta de los públicos, los procedimientos de inspección y los mecanismos de censura, así como las estrategias de las compañías y los públicos para burlar las normas, haciéndose acreedores a multas y castigos

La función educadora del teatro

Aunque las autoridades asociaban los espectáculos de carpas a la cultura del vulgo, el interés primordial por preservar estos foros era porque los intelectuales de la época creían en el poder civilizatorio del teatro y sostenían que eran una alternativa para mantener al pueblo lejos de vicios como el pulque, la cerveza y la mariguana.

“En su humilde opinión juzga no solamente necesario el que se proporcione toda clase de facilidades para el establecimiento de diversiones públicas, sino que cree que se hace imperiosa la necesidad de existencia de estos centros de reunión adecuada a todas las clases sociales; pues para muchos es un momento de solaz y de descanso de su trabajo diario, el tener algo con que divertirse, con que entretenerse en alguno de estos teatros, de estos jacalones, o de esa tienda de lona, y para otros es el momento de apartarse de distraerse, bien de la embriaguez o de los riñas y hasta de los delitos (graves).” AHDF-SDP, Vol.805, Foja 1057, (1900). 

“Como es muy de tenerse en cuenta que el público que asiste a estos espectáculos es en general de la clase baja del pueblo, y pagan por permanecer dos o tres horas en dichas carpas cuotas sumamente bajas, hay que buscar un medio de que no desaparezcan esta clase de espectáculos, pues es siempre preferible la carpa a la pulquería y la taberna, donde con absoluta seguridad pagan más y se embrutecen más, puesto que en la carpa, si no se ilustra cuando menos se divierten sanamente y menos inmoralmente que en los centros de vicio.” Hipólito Amor, AHDF- SDP, Vol. 812, File 1708 (Agosto 29, 1922). 

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